¿Cuántas veces hemos escuchado la expresión “está todo inventado”? Toda persona creativa se negará a tal rotundidad, y es que tanta gente a lo largo de la historia se ha encargado de desmitificar tal osadía. Pero en caso de usted piense que eso es un hecho improbable y que por norma general eso no ocurre, déjeme decirle que si no se puede inventar, al menos deberíamos tener la mente abierta a repensar, a reformular, y por qué no, a reinventar todo aquello que nos rodea para obtener algo más , sacarles un beneficio hasta ahora inexistente. Aquí les propongo un ejemplo más de esas mentes inconformistas que a través de la creatividad, han dado una vuelta a un objeto tan cotidiano como un banco, para sacar toda una experiencia sensorial de él.

Las bases

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La oficina de arquitectura MAPT ha desarrollado un banco interactivo en un renovado espacio urbano sobre un parking en subsuelo en Leifsgade, Island Brygge, Copenhagen. En colaboración con el diseñador de interacciones Sune Petersen se pensó en un nuevo patio de juegos que comunicaba con una cancha de fútbol. En ese espacio de relación se encontraba una serie de bancos típicos de Copenhagen que no se tocaron. Sólo uno de ellos se eligió para ser el escenario de una transformación insólita. Ese banco iba a cobrar vida a través de la tecnología.

Este banco interactivo promueve la interacción de cuantos se acercan a él, invita a conocer, a moverse, a jugar. Toda una experiencia sensorial que concibe al espacio urbano desde un nuevo punto de vista.

Pero realmente, ¿en qué consiste?

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El banco sensorial propone tres juegos a sus usuarios:

  • El primero se trata de pintar colores en el banco, obviamente sin utilizar pintura real y así cuando el banco se queda solo, muestra las pinturas que se han hecho.
  • El segundo promueve el movimiento. Cada tabla del banco es iluminada por un código de barras que parpadea. Cuanto más rápido se pasa frente al banco, mayor será la velocidad del color en él.
  • El tercero de ellos hace que cuando te sientas, aparezcan diferentes partículas de luz que se acercan con curiosidad y poco a poco a donde tú estás sentado y cuando te tocan crean un mar de luz.

Cuando oscurece, el banco se ilumina como un elemento lúdico y poético y confiere vida al espacio urbano donde se inserta. Un objeto común que es pensado para ofrecer algo más, una experiencia sensorial a quien se le acerca.